Porque la soledad dio paso a la melancolía,
la melancolía se adueñó de la integridad.
La integridad fue dada como sacrificio a un Dios sordo,
y una vez sucedido, solo quedó la locura.
La locura, pensaba, pobre de ella.
Hoy, Lunes, me pregunta si es Domingo de Mayo,
y entre melancolías mías y olor a cenicero,
volteo la cabeza en negación y desesperanza;
ajusto la cinta del bolso, tiro el rollo de la camara a la basura,
y despido un Jueves ya ido,
allá por cuando era Febrero.-
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